Partamos del hecho de que sabrás que eres amado cuando aquel que te ame te invente, antes de eso, eres simplemente uno más. Eres una mujer, una bella dama con un caballero al que amas. Eres hermosa, lo sabes. Y decides darle una sorpresa a tu amado una noche. Eso es, iras a su casa en la noche con una película y un buen vino. Son las siete. Ya tienes lista la película y la botella. Te metes a bañar, te enjabonas, te pones exfoliadores, cremas, lociones, geles humectantes, para tener la piel de tu cuerpo suave, tangible, atractiva, excitante. Sales del baño y te sientes bien, fresca, nueva. Te peinas, te arreglas un poco, solamente un poco, sabes que eso no es lo que importa. Te preparas a salir y ves tu celular para consultar la hora: son las ocho y cuarto. Perfecto. Tomas tus llaves y a caminar. Decides caminar esa noche. Prefieres caminar y observar las calles y observar la luna y las estrellas y te sientes bien, fresca, nueva, feliz. Llegas a un lugar lleno de casas y entras a un edificio en donde hay un pasillo. El pasillo parece infinito. Hay puertas y puertas y puertas que esconden secretos (muchos) a los lados. Y te gusta imaginar lo que hay detrás, los secretos, y sonríes. Y caminas y caminas más y más, cansada, caminas más, más. Sabes que pronto llegaras a la puerta de tu amado. Llegas. Estas en frente. Te detienes un minuto. Pasan dos minutos y sigues ahí parada. No te mueves. Sabes que ahí adentro pasa alga. No lo escuchas. Lo sientes en todo el cuerpo. Tocas al fin. Escuchas que alguien se acerca y un hombre abre la puerta. Es tu amado. pero sabes que hay alguien más atrás de esa puerta. Escuchas su respiración. Y sigues inmóvil. Pasan quince segunda que tu sientes como si fueran quince minutos, no dices nada, te volteas, te vas tranquilamente. Sabes que un guerrero debe actuar como si supiera lo que hace, cuando en verdad no sabe nada. Te vas. te vas. te vas. No volteas. Sabes que te observan pero sabes que no te detendrán. Sería inútil detenerte. Y aquí se acaba tu historia. Atrás de la bella dama que camina tranquilamente por un pasillo que parece infinito te encuentras tú. Te sientes como un desolado caballero sin luz ni esperanza. Pero no puedes hacer nada. Sería inútil hacerlo. Entras en tu habitación en donde te espera una hermosa mujer que estaba escondida atrás de la puerta. No quieres entrar, te sientes tirado, estupefacto, petrificado frío. Pero ella te llama y entras. Ella, la que estaba escondida atrás de la puerta observando la escena. Ella, la mujer que habías encontrado un día en el parque y te había seducido con su belleza, sin hacer ella nada. Ella, la que te había hecho ahora perder a la mujer que amas más que a ella, más que a ti mismo. Te dice que conoce a tu mujer, que fue a la escuela con ella. Te dice que como pudiste hacerle eso. Te dice que perdiste a una mujer, bella, más, hermosa. Te cuenta que era brillante, que todos estabas atrás de ella, que ella rechazaba a todos, que tu eras al único que había admitido en su vida. Te dice que teniéndola a ella como habías podido hacer lo que acababas de hacer. Ella piensa ahora mejor las cosas. Te dice que eres un idiota. Se va, corriendo, por el pasillo infinito. Te quedas ahí, sentado en el piso, tirado, estupefacto, solo, frío, frío, helado.
(Y tu historia se termina aquí porque la bella dama se despierta. Se da cuenta de que todo fue un sueño, un cuento, y te llama para comer.)